En la primera parte acompañamos a Lucía mientras reservaba su crucero. Ahora ya está a bordo.
Son las once de la noche y el barco está a cientos de millas de la costa más cercana. En el casino, alguien carga una apuesta a su cuenta. En el restaurante, una camarera envía una comanda desde una tableta. En la recepción, un pasajero cambia su excursión del día siguiente. En el puente, decenas de sensores informan del estado de los motores, del consumo de combustible y de la meteorología. Y en un camarote, una niña hace una videollamada con sus abuelos.
Todo eso funciona gracias a algo que ningún pasajero ve: uno o varios data centers instalados dentro del propio barco.
Un crucero moderno es, a efectos prácticos, una pequeña ciudad flotante. Wonder of the Seas, de Royal Caribbean, puede alojar a cerca de 7.000 personas, y todas esperan tener conexión durante el viaje. Pero, a diferencia de una ciudad, el barco no puede apoyarse en la red eléctrica, en la fibra óptica ni en un data center cercano. Tiene que llevar consigo todo lo que necesita.
La lista de sistemas que dependen de esa infraestructura es larga. La apertura de camarotes y el control de accesos. Los pagos a bordo, que en muchos barcos se cargan a una cuenta única vinculada al pasajero. Las reservas de restaurantes, espectáculos y excursiones. La telefonía interna de la tripulación y la red wifi. Las cámaras de seguridad. La señalización digital, que informa en tiempo real de la disponibilidad en restaurantes y actividades. Y los sistemas técnicos del propio buque: según la consultora Marine Digital, un barco moderno genera más de 20 GB de datos al día a partir de sensores de motores, consumo, velocidad, temperatura y condiciones externas.
¿Por qué no llevar todo eso a la nube? Porque en alta mar la conexión es un recurso escaso. Durante años, los barcos dependieron de enlaces por satélite caros y limitados. La gestión del ancho de banda llegó a ser tan delicada que Royal Caribbean configuró sus sistemas para que los correos entre tripulantes de un mismo barco no salieran de él, en lugar de dar la vuelta pasando por la sede de Miami. Costa Cruceros, por su parte, apostó por una infraestructura lo más autosuficiente posible, con un responsable de IT a bordo que coordina con el equipo de tierra.
La conectividad ha mejorado mucho. Royal Caribbean fue la primera naviera en desplegar Starlink en toda su flota, con una instalación prevista para completarse a principios de 2023. Cada terminal marítimo ofrece hasta 350 Mbps. Pero una mejor conectividad no ha eliminado los data centers a bordo. Ha cambiado su papel.
El modelo que se impone es híbrido. AROYA Cruises, por ejemplo, opera con tres data centers a bordo de su buque insignia, con sus aplicaciones replicadas en tiempo real en la nube. Si el enlace por satélite cae, el barco sigue funcionando. Si el barco sufre un problema, los datos están a salvo en tierra.
La redundancia se diseña como en cualquier infraestructura crítica, con un matiz propio del mar. Royal Caribbean instaló en sus barcos de la clase Oasis dos data centers, con un centro de respaldo para las aplicaciones críticas que deben sobrevivir a una emergencia. Están situados en zonas de incendio distintas, de forma que un fuego no pueda afectar a ambos a la vez. Icon of the Seas, uno de los mayores cruceros del mundo, cuenta con dos data centers y unos 40 puntos de distribución IT repartidos por el barco. Según Rittal, el fabricante que los equipó, sobre esa infraestructura funciona todo, desde el wifi hasta los sistemas de reservas, y no admite fallos.
Ahora bien, a bordo el espacio vale oro. Cada metro cuadrado dedicado a tecnología es un metro que no se dedica a camarotes, restaurantes o tiendas, que son los que generan ingresos. En el Norwegian Joy, construido por el astillero alemán Meyer Werft, la solución fue repartir la IT en 21 salas técnicas, cada una con tres racks y dos intercambiadores de calor aire-agua. El agua fría la aporta la propia planta de refrigeración del barco. Y se dejó capacidad de reserva por si el buque cambiaba de rutas o de público en el futuro.
Ese detalle de la capacidad de reserva no es menor. La vida útil de un data center a bordo ronda los cinco a siete años, mientras que un barco navega durante décadas. Eso significa que la infraestructura IT se renovará varias veces a lo largo de la vida del buque, casi siempre sin poder detener la operación. Costa Cruceros renovó los data centers de siete de sus barcos sin interrumpir la actividad a bordo.
Luego está la energía. En tierra, un data center se conecta a la red eléctrica y dispone de grupos electrógenos de respaldo. En un crucero, la central eléctrica es el propio barco. La potencia que consumen los servidores y la refrigeración que necesitan compiten con la propulsión, la climatización de miles de camarotes, las cocinas o las piscinas. Cada kilovatio cuenta, y no hay forma de contratar más potencia en mitad del océano.
A todo esto, se suma el aislamiento. Si un equipo falla en tierra, un técnico puede llegar en una hora con la pieza de recambio. En alta mar, el próximo puerto puede estar a días de distancia. El equipo de a bordo es reducido y no puede tener especialistas en todo. Por eso los componentes deben ser duraderos, los repuestos críticos tienen que viajar con el barco y el equipo de tierra necesita ver en remoto lo que ocurre dentro de cada sala técnica.
Visto así, el data center de un crucero es un caso extremo de algo cada vez más habitual en tierra: la infraestructura en el borde (edge), lejos del gran centro de datos y con recursos limitados. Espacio escaso, potencia finita, refrigeración ajustada, poco personal y ninguna posibilidad de improvisar. En ese entorno, saber en tiempo real cuánta potencia consume cada rack, cómo evoluciona la temperatura de cada sala y cuánta capacidad queda libre para la próxima renovación no es una ventaja. Es la única forma de operar con seguridad.
Y la presión no va a bajar. Cada nuevo servicio digital para el pasajero, desde la app que abre el camarote hasta los sistemas de personalización con IA, añade carga a una infraestructura que no puede crecer en metros cuadrados.
La próxima vez que veas un crucero atracado en el puerto, recuerda que no solo transporta a miles de personas. También lleva a bordo un data center que tiene que funcionar sin descanso, en movimiento y a cientos de millas de cualquier ayuda.